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Ni tan listos, ni tan tontos…

Trabajando con algunos de nuestros chicos de secundaria, he observado que la gran mayoría de ellos piensa que no sirve para estudiar, o que estudiar “no se les da”. De igual forma muchos comparten la idea de que su clase, en el instituto, se divide entre los “listos o empollones” y los “tontos o que no se les da”. Esta creencia, a mi parecer errónea, está probablemente alimentada por el funcionamiento de nuestro sistema educativo.

El conocimiento en nuestra sociedad, en general, se transmite a través de la lecto-escritura. Esto implica que hay que saber leer y escribir con fluidez, tener un vocabulario extenso, poder memorizar contenidos teóricos o, en definitiva, poseer una inteligencia verbal suficiente para superar los exámenes. Es verdad que hay materias, como pueden ser las matemáticas, en las que otros tipos de inteligencias pueden desarrollarse, pero en general hasta los problemas de física tienen un enunciado que se expresa de forma verbal. La inteligencia verbal es solamente una de las muchas que podemos tener en mayor o menor medida las personas.

Los deportistas suelen poseer una muy alta inteligencia kinestésica. Los atletas, bailarines o los cirujanos tienen la capacidad de controlar su cuerpo realizando movimientos que muy pocos pueden llevar a cabo. Personas con alta inteligencia kinestésica serían Messi o Michael Jordan. Ellos son capaces de conectar mente y cuerpo logrando un desempeño físico que puede rayar en el arte.

Por desgracia, aunque en nuestras escuelas existe la educación física, no tiene el peso que debería en la educación de los jóvenes. Además, probablemente, hasta el alumno físicamente más torpe aprobará o tendrá la oportunidad de hacerlo mediante un examen teórico. El resultado de nuestro sistema es que deja fuera personas con habilidades y talentos diversos que podrían servir a nuestra sociedad.

En el instituto no se evalúan la empatía, el liderazgo, la creatividad o la capacidad para gestionar las propias emociones y, sin embargo, son habilidades sin las cuales sería difícil el desempeño de muchas profesiones. Alguien puede tener el título de psicólogo porque ha estudiado y ha aprobado, pero perfectamente podría carecer de habilidades interpersonales como la empatía.

Aunque algunas cosas están cambiando, lo hacen muy lentamente. Últimamente se está hablando mucho de la Formación Profesional Dual, en la que la prioridad es el “aprender a hacer” y en la que los alumnos adquieren en igual medida conocimientos teóricos y prácticos.

Probablemente en el futuro asistamos a un cambio en este sentido, ya que nuestra sociedad necesita profesionales que “sepan hacer” y no tanto titulados con amplios conocimientos teóricos. También sabemos que los jóvenes, con las nuevas tecnologías, están continuamente accediendo a material audiovisual, pero por desgracia muy poco es de carácter educativo. Entre otras cosas porque las nuevas generaciones ya nos han adelantado en esta carrera y son pocos los docentes que están cualificados para crear o gestionar contenidos audiovisuales o en red.

En definitiva es nuestra tarea como adultos y educadores transmitir a los chicos esta idea, ayudándoles a encontrar aquello que hacen mejor que los demás, es decir, su tipo de inteligencia. Después hay que orientarles para utilizar el sistema educativo a su favor, en la medida de lo posible, encontrando la vía para desarrollar aquellas capacidades, probablemente innatas, que lo diferencian de los demás.

De las inteligencias múltiples a la educación personalizada

Escrito por: MAR REY

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